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Escuela Sabatica
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Escuela Sabatica
9:15 a.m.

 

Las clases de escuela sabatica son el centro de la comunidad de nuestra iglesia.  Cada semana pasamos tiempo aprendiendo de las escrituras y de nuestros hermanos.  Las clases de escuela sabatica comienzan a las 9:15 a.m. cada Sabado.  Abajo encontrara las diferentes clases de Escuela Sabatica.  

Adultos

Jovenes

Early Teens

Adolecentes

Primarios

Kinder

Cuna

 

 

LECCION #8
“En el principio”

Arthur J. Ferch

 

 

 

El dolor de la paternidad


 

F

inalmente nació Isaac. Veinticinco largos y tediosos años habían trans-currido desde que Dios había dicho primeramente a Abrahán, "Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré" (Génesis 12:2). El mensajero celestial había anunciado: "De cier­to volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo" (Génesis 18:10). Ahora el registro asevera: "Y Sara concibió y dio a Abrahán un hijo en su vejez, en el tiem­po que Dios le había dicho" (Génesis 21:2). La promesa había sido cumplida en el tiempo exacto.

El nacimiento de Isaac no fue menos que un milagro. El na­rrador se preocupa en detallar la sorpresa que causó. La Biblia habla de la edad avanzada de Abrahán y agrega que él tenía "cien años" cuando nació Isaac su hijo (versículos 2,5). Sara ex­clamó: "¿Quién dijera a Abrahán que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez" (versículo 7). Ahora que la ingenuidad humana y las técnicas del hombre habían llegado a fallar, podían los participantes plenamente apreciar la divina intervención. Dios había atravesado los límites de la ley natural y dejado atrás la razón humana. Con cierta vergüenza dijo Sara: "Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo" (versículo 6). Lo risible finalmente había llegado a ser una realidad en que se podía creer. El nombre de Isaac, que significa "risa" quedaría como un constante recor­dativo de la lucha de sus padres entre la fe y la incredulidad. Sin embargo, orgullo y" alegría llenaron el corazón de la madre, y más tarde los escritores bíblicos recuerdan este momento como uno de los eventos más felices de la vida de Sara.

Isaías, recordando su experiencia, escribió: "Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada" (Isaías 54:1; compare con Gálatas 4:27).

A medida que el tiempo transcurría, crecieron las tensiones entre los dos hermanastros. Sin duda Ismael se percató que su hermano menor lo reemplazaría en el derecho de herencia. El conflicto culminó en una fiesta que celebraba el destete de Isaac y resultó en el pedido que Sara hizo a su marido de expulsar a Agar y a Ismael. Aunque esta expulsión suena muy cruel para nuestros oídos modernos, muy bien podría ser que Sara actuó dentro del contexto de la ley contemporánea del antiguo Cer­cano Oriente. El registro no oculta en nada la pena que laceró el corazón del padre: "Este dicho pareció grave en gran manera a Abrahán a causa de su hijo" (Génesis 21:11). Ismael y su madre tuvieron que partir, pero no dejó Dios de asegurar al padre dolorido que su hijo a través de Agar compartiría, al menos en parte, la promesa hecha a Abrahán. Dios confortó al afligido padre con esta afirmación: "Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente" (versículo 13). Con misericordia las Escrituras velan con el silencio, la partida de Agar y de Ismael de la presencia de Abrahán. Sólo la ima­ginación puede reproducir los sentimientos que bullían en el pecho adolorido del padre. Había segado lo que sembró y pagó un precio amargo por un curso de acción irreflexivo.

Dos décadas después del nacimiento de Isaac, y unos trece años después de la expulsión de Ismael, Abrahán experimentó otra prueba que involucraba a su segundo hijo. Sería la prueba más violenta de su vida cuando Dios le mandó sacrificar a su tan esperado hijo, Isaac, en la región de Moriah (Génesis 22). Para cuando le llegó este mandato divino el patriarca había alcanzado la edad de 120 años. [1]

Ya no gozaba del vigor de la madurez con el cual afrontar las durezas, las dificultades, el peligro, y las aflicciones. "Dios había reservado su última prueba, la más dura para Abrahán, hasta que la carga de los años pesaba fuertemente sobre él, y él anhelaba descansar de la ansiedad y del duro trabajo". [2]

Aunque los sacrificios humanos no eran desconocidos entre los vecinos de Israel, particularmente entre los cananeos, parecía un precio demasiado elevado para demostrar por él el fervor y la devoción a Dios. El mandato de ofrecer en sacrificio a Isaac ten­drá que haberle parecido como totalmente irracional. ¿No había Dios prometido que a través de Isaac los descendientes de Abrahán serían nombrados? Ahora la muerte del joven anularía esa promesa. Simplemente el mandato del Señor se oponía a su promesa. Sin descendientes, no habría un futuro. ¿Estaba el Señor invirtiendo el proceso y volviendo la familia patriarcal a la esterilidad? ¿Todo el peregrinaje desde la esterilidad de Sara, había sido en vano? ¿Acaso no había pagado ya Abrahán dolorosamente por sus momentos de incredulidad, y acaso no había aceptado los resultados de sus acciones?

Nunca había recibido el yunque de la fe del patriarca un golpe tan tremendo. ¿Cómo podían las manos que habían acariciado, sostenido y confortado al joven quitarle ahora la vida? Isaac no era simplemente un hijo, el joven era su único hi­jo, el que amaba; ¡era el hijo del milagro y de la promesa!

El anciano había escuchado repetidas veces la voz de Dios, y su mente no abrigaba duda alguna acerca de quién había dado el mandato "toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré" (Génesis 22:2). La misma voz había impartido consuelo, esperanza, gracia, y orientación en el pasado al patriarca. El tendría que avanzar de acuerdo con el mandato, y no se animaba a confiar en sus sentimientos ni entrar en demora. Tampoco podía arriesgarse a hablar con Sara acerca de ello, ella podría buscar disuadirlo e impedirlo.

El viaje desde Berseba a través de las montañas ásperas y rocosas, sólo agregaron un mayor peso al corazón afligido del padre. La Biblia registra el intercambio de sólo algunas palabras entre el padre y el hijo mientras viajaban por la región de Moriah. Abrahán no tuvo suficiente fuerzas para revelar la in­tención plena de la misión a su hijo. La duda y la incredulidad que Satanás susurraba en su espíritu agudizó la angustia del padre. Ningún alivio llegó a su alma mientras anhelaba que un mensajero del cielo viniera para indicarle un alto en su marcha. Los alegres cantos de los pájaros en su camino deben haberle parecido crueles burlas. El sacrificio de la vida del joven radiante y prometedor, bronceado, erguido, y lleno de planes para el futuro, como una demostración de la devoción del padre para con Dios parecía un costo excesivamente elevado.

Una vez más el registro en su misericordia esconde los últimos momentos que compartieron el padre y el hijo. Sólo nos queda admirar a ese joven de veinte años que se entregaba volun­tariamente a su anciano padre. Evidentemente Abrahán habría logrado trasmitir a su hijo su legado más precioso, su fe plena y su cometido a Dios.

Isaac había aceptado voluntariamente la herencia de la con­fianza en Dios. Al levantar el cuchillo Abrahán había demostrado sin lugar a dudas una vez y para siempre, que nada era absolutamente más precioso para él que Dios.

La intención interior, el sacrificio realizado en el alma, fue valorado por Dios y aceptado como el acto mismo. El ángel del Señor lo llamó desde el cielo: "Abrahán, Abrahán. Y él respon­dió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (versículos 11,12).

Génesis 22 revela la verdadera naturaleza de la fe. No se podría encontrar un mejor ejemplo de la relación entre la fe y la obediencia. "Por la fe Abrahán, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pen­sando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muer­tos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir" (Hebreos 11:17-19).

Afirmaciones de fe marcaron el peregrinaje de Abrahán hasta la región de Moriah. En el tercer día el patriarca instruyó a sus siervos: "Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (Génesis 22:5). En la mente de Abrahán no había duda alguna de que tanto él y su hijo volverían del sacrificio. Nuevamente, cuando le preguntó Isaac: "¿Dónde está el cordero para el holocausto?". Y respondió Abrahán, "Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío" (versículos 7,8).

La disposición que tenía Abrahán para obrar con fe y obedecer el mandato de Dios de sacrificar a su propio hijo, demuestra cuan seria es la fe. La fe no es una postura pasiva y meramente cerebral. Es un dinamismo y encuentra su expresión más plena en el campo de la acción. El patriarca demostró su fe y su disposición de dar a Dios su don más preciado. No retendría nada. En la experiencia de Abrahán la fe y la obediencia eran inseparables. Pablo, cuya fascinación con Abrahán es entendible, consideró a la fe como algo tan dinámico que lo describió como obediencia, con esto quería decir la entrega a la Palabra de Dios en las buenas nuevas (ver Romanos 1:5). El apóstol aplaudió una "fe que obra por el amor" (Gálatas 5:6). Santiago agregó: "¿No fue justificado por las obras Abrahán nuestro padre, cuando ofreció a su hijo sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2:21,22; compare con Juan 8:39). La fe para Abrahán, Pablo y Santiago no era una tarea de mérito, pero una reacción a la promesa y a la acción iniciales de Dios. Era una en­trega total tanto a la dádiva como a los requerimientos de Dios.

El mandato divino de sacrificar a Isaac probó seriamente al "padre de los fieles". La prueba se realiza cuando un Dios único insiste en la confianza individual y en la fidelidad indivisible. Esta es la razón por la cual esas pruebas no suceden en religiones de tolerancia. Surgen cuando es más grato encontrar alter­nativas más fáciles y menos exigentes para satisfacer a Dios y su voluntad. La prueba específica de Abrahán reveló que su fe no era de poca profundidad ni era su piedad de una sola dimensión. Al igual que Job, estaba preparado para confiar en Dios, quien da y quien quita. Finalmente la prueba de fe llegó a su con­clusión, y una voz del cielo declaró: "Porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (Génesis 22:12).

En su gracia Dios mismo proveyó el sacrificio que el padre agradecido ofreció como "holocausto en lugar de su hijo" (versículo 13). La estructura literaria del episodio es significativa, mientras enaltece la fe que Abrahán tenía de que Dios proveería el cor­dero para el sacrificio. Brueggemann ha subdividido Génesis 22:1-12 en tres series de requerimientos, respuestas, y pláticas. [3] Las primeras comienzan con un requerimiento de Dios y la respuesta de Abrahán, seguida por el mandato del Señor (versículos 1,2). La tercera serie comienza con el llamado del ángel y la respuesta del anciano, seguida del anuncio del ángel de liberar al hijo (versículos 11,12). La serie central comienza con la palabra de Isaac a su padre y la respuesta de Abrahán, seguida por la pregunta del hijo (versículo 7). Sin embargo, en esta segunda serie el modelo de tres partes ya notado en la primera y segunda series se extiende en un cuarto elemento, que declara la convicción de Abrahán: "Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío" (versículo 8). Esta última declaración, coloca­da en el mismo centro del episodio, cae fuera de la estructura literaria normal de las series y vale la pena notarla porque realza sin duda la fe del patriarca de que Dios proveería para sus necesidades. Podemos diagramar la estructura de la siguiente manera:

 



 



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